Toda la película se desarrolla en una
ciudad gris y sombría. Carlos es un prestigioso sastre de la ciudad de Granada
que tiene una macabra obsesión, se alimenta de los cuerpos de las mujeres que
él desea. El personaje principal se desenvuelve en la ciudad sin levantar la
más mínima sospecha, personificado como el perfecto caballero. Carlos es a su
vez frio, constante en su trabajo criminal y una persona que no siente ni
padece por lo que hace.
En la trama se puede apreciar el
cuidado estético y austero de los contextos en los que se desarrolla, como a su
vez la simpleza de su guión. El director se aleja de toda exageración
cinematográfica, y recrea un ambiente cercano. El film embulle al
espectador en una calma y atención
constantes a medida que empieza una historia entre Carlos y dos hermanas gemelas
rumanas (Alexandra y Nina), que a su vez son completamente diferentes
personalmente.
Se aprecia en la película una
simbiosis perfecta entre religión, comida, deseo y tema tabú del canibalismo,
cuando escuchamos el sermón del párroco de barrio al decir: “Comed todos de él,
porque éste es mi cuerpo y ésta es mi
sangre” A mi parecer esto concuerda con un ideal religioso entre comida y amor,
pero que a la par, para llegar a aquello tenemos que quitar la vida a algo
animal o vegetal. El director muestra la delicadeza y preparación con la que
cocina a sus víctimas, que en un pasado no pudo llegar a disfrutar de su amor y
de su sexualidad. Pero toda su percepción del amor y el deseo empiezan a
cambiar cuando íntima con Nina, quien le hace cuestionar sus actos.
Patricia Benito Doñate





