lunes, 18 de noviembre de 2013

Cine de animación: Red Line (Takeshi Koike)



Estira y deforma la perspectiva hasta los límites que puedas imaginar, marca un ritmo de acción vertiginoso que no de tiempo a suspirar, y aderezalo con una trama alocada e insulsa sobre carreras ilegales sin regla alguna en pecios espaciales. Así es Red Line, una obra realizada por Takeshi Koike orientada desde el inicio al desvarío argumental, las explosiones constantes, los ingenios robóticos y, si, más dosis de locura.
Nuestro protagonista es JP, un criminal y piloto de carreras con un marcado estilo greaser, un tupé de grandes dimensiones y ropas de cuero tachonadas que recuerdan al género tecnofuturísta y punk postapocalíptico. Su recorrido por el guión es algo secundario y una simple justificación para pasar de una escena a otra y a la siguiente explosión, y así sucesivamente.
La sombra de la marca japonesa está presente en la aparición de chicas coloridas y con poderes mágicos inexplicables e innecesarios (ya advertí que el guión y la lógica son cosas que no fueron muy trabajadas en el film), grandes monstruos descontrolados, robots repletos de armas y gadgets, y personajes con dialogos predecibles y que apenas evolucionan.
Lo impactante de esta película de animación es su colorida paleta, sus exageraciones constantes tanto en los trazos como en las perspectivas, la música que en pocos segundos deja de introducirte en la acción, y el despliegue audiovisual, en general, del que hace gala este impresionante y prolongado proyecto.
La inquietud que debería generarsenos es con respecto a hasta que punto un film, por su mero contenido y calidad audiovisual, puede prescindir del guión y seguir resultando una obra asequible y que genere el interes de posibles espectadores. En los últimos tiempos esa parece ser la carta de presentación de variadas películas 3D que, bajo el pretexto de mostrar algo novedoso, sin serlo, ven innecesario invertir tiempo en sencillamente preguntarse si su trabajo entretiene a los posibles espectadores.
Cuando nos plantamos ante el televisor, proyector o pantalla de computador para visionar Red Line, estamos ante una obra técnicamente de grán logro visual, pero de guión pobre, o cuanto menos irreverente y ligéramente descuidado. Quedan advertidos.

Miguel Ángel Simón Porro

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