Se trata de un trabajo neutro,
cromáticamente hablando, que aprovecha los contrastes y al mismo
tiempo toda la escala de grises, al menos en lo que conforma la
parte que Takashi Koike realizó para esta serie de cortometrajes
animados basados en la reconocida ambientación Matrix. Para este
proyecto se contacto con diferentes artistas y directores, en su
mayoría equipos japoneses de animadores.
Las deformaciones anatómicas se toman
a la ligera, la gesticulación del rostro del protagonista intenta
reflejar la verdadera tez de un deportista en pleno esfuerzo físico,
y la perspectiva se usa de manera interesante al dar sensación de
distancia e inmensidad, agrandando o estrechando el espacio como una
lente focal.
Mención especial se lleva, como en la
mayoría de trabajos de Takeshi Koike, el primer plano de un cánido,
ampliamente detallado, que se repite en otras de sus obras
posteriores, bién como animales o como humanoides.
Miguel Ángel Simón Porro

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